A medianoche, oí a mi marido decirle a su amante: “¡Mañana, esta villa de 700 metros cuadrados será tuya!”. Me reí…

Pero Carmen no dejaba de llorar, insistiendo en que el hospital tenía su nombre y la matrícula del coche registrado a su nombre.

Entonces llamaron directamente desde el hospital.

El médico explicó que habían encontrado un cuerpo calcinado en el vehículo que contenía los documentos de identidad de Javier. Su familia ya había llegado para identificarlo.

Javier miraba al frente, empapado en sudor.

Alguien había orquestado su muerte.

Y de repente comprendí la horrible verdad: la trampa que me había tendido no había funcionado. Otra persona había muerto en mi lugar.

Corrimos de vuelta al hospital. Allí, sus padres casi se desmayan al verlo con vida. El médico confirmó que el cuerpo calcinado era irreconocible y que el caso requería una investigación policial.

La policía interrogó a Javier. Parecía conmocionado, pero vi algo más en sus ojos: una fría determinación. Ya estaba intentando recuperar la compostura.

Esa noche, recibí un mensaje anónimo: