“Las tomaré cuando estemos más cerca de las montañas.”
Sonrió, pero por un instante vi un brillo en sus ojos: molestia, tal vez sospecha.
El viaje continuó. Salió el sol. La carretera comenzó a ascender. A lo lejos aparecieron señales de montaña.
Entonces sonó mi teléfono.
Mi suegra.
Contesté y puse el altavoz.
Al otro lado de la línea, Carmen sollozaba.
“Elena, ¿estás con Javier? ¿Dónde estás?”
“Vamos a la montaña. ¿Por qué? ¿Qué pasó?”
Su voz se quebró.
“Llamaron del hospital. Dijeron que Javier tuvo un accidente de coche y murió. Me dijeron que fuera a identificar el cuerpo. Elena, ¿qué está pasando?”
Se me entumeció la mano. A mi lado, Javier frenó bruscamente. El coche se orilló. Tomó mi teléfono, blanco como la ceniza.
“Mamá, ¿de qué hablas? Estoy aquí.” ¡Estoy vivo!