La sala quedó en silencio cuando un técnico se dirigió a los controles.
El sistema comenzó con baja presión, volviendo a funcionar gradualmente. Luego, la presión aumentó a medida que el flujo regresaba a la tubería.
Todos observaban la costura.
Nada.
Sin goteo. Sin temblores. Sin debilidad.
El tipo de la redecilla exhaló con tanta fuerza que casi se echó a reír. “Eso fue todo.”
Curtis sonrió. “Me alegra ver que sigues siendo feo y útil”.
Me limpié las manos con un trapo. “Prefiero indispensable”.
Él se rió.
Entonces me giré, porque sentía que alguien me observaba.
El padre permanecía a pocos metros de distancia, con su hijo a su lado.
El chico parecía visiblemente impresionado, como suelen hacer los adolescentes. El padre parecía un hombre que había mordido algo que no podía tragar ni escupir.
Lo miré a los ojos. “¿Este es el tipo de trabajo del que hablabas antes en la tienda, verdad?”
Un silencio se apoderó del grupo.