Acogí a las nueve hijas que me dejó mi primer amor, creyendo que podría darles un futuro. Jamás imaginé que serían ellas quienes se aferrarían a un pasado que cambiaría todo lo que creía saber.
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Mi nombre es Daryl y esta es mi historia.
Desde la secundaria, solo he amado a una mujer, Charlotte. Pero nunca podríamos estar juntos.
Años después, falleció a los 35 años, dejando nueve hijas, hermanastras, sin padres que las acogieran. Charlotte las tuvo con cuatro hombres diferentes a lo largo de los años. Ninguno de los cuatro padres pudo hacerse cargo de ellas. Dos murieron, uno fue encarcelado y el tercero abandonó el país.
Pero la verdad era que ninguno de los dos padres realmente quería ser padre.
Nunca podríamos estar juntos.
Cuando una antigua compañera de instituto que me había estado ayudando a seguir su vida me contó lo que les había pasado a Charlotte y a sus hijos, me sentí profundamente conmovida. Ya había tenido el placer de conocer a los hijos de Charlotte .
Enseguida averigüé adónde se habían llevado a los niños y llegué sin avisar.
Jamás olvidaré la expresión en el rostro de la trabajadora social cuando le dije que no me iría sin las nueve niñas.
El proceso de adopción fue largo y laborioso.