¡ESTOS NIÑOS NO SON MÍOS!

Al verla, palideció.

“Estos… estos gemelos”, susurró. “Desaparecieron anoche. Su madre sigue en cuidados intensivos”.

A Valentina se le aceleró el corazón.

“¿Está viva?”, preguntó.

“Sí… pero en estado crítico”.

Santiago y Valentina se miraron.

Esto no era solo una fuga. Era una prueba. Una oportunidad para salvar a alguien, tal vez a más.

Santiago llamó a alguien de inmediato. Esta vez no evitó a la policía.

“Tengo un nombre, una cara, y ahora tengo pruebas”, dijo con frialdad. —Hay que poner todo en marcha.

Las siguientes horas fueron un caos. Coches de policía, preguntas, tensión.

Y finalmente, un resultado.

Roberto Méndez fue capturado esa misma noche en un almacén abandonado, donde se encontraron más pruebas. No estaba solo. Toda una red se había derrumbado con él.

Cuando salió el sol, la tormenta era solo un recuerdo.

Valentina estaba sentada en el pasillo de un hospital, sin los dos bebés, que ahora estaban de vuelta con su verdadera madre.

Sentía un extraño vacío… y a la vez una especie de paz.

Se sentó junto a Santiago.

—Los salvaste —dijo en voz baja.

Valentina negó con la cabeza lentamente.

—No… simplemente no los dejé solos.

Un silencio se instaló entre ellos. Pero ya no era un silencio aterrador.

Era el silencio de un nuevo comienzo.

Santiago finalmente le sonrió.

—¿Es la mayoría?

Valentina miró por la ventana, donde la luz del sol se filtraba entre las nubes.

—Ahora… por primera vez en mi vida… no sé qué va a pasar.

Hizo una pausa, luego sonrió levemente.

—Pero ahora ya no le tengo miedo.

Y ese fue el momento en que todo cambió de verdad.

Next »
Next »