El vuelo de Madrid a Nueva York estaba a punto de despegar cuando el capitán Alejandro Martínez notó algo que lo inquietó profundamente.

El comandante Alejandro Martínez sintió que la atmósfera a su alrededor cambiaba, como si la cabina misma hubiera perdido repentinamente el equilibrio.

La tarjeta en la mano de Elena no era llamativa —ni dorada, ni con símbolos—, pero el nombre que llevaba… ya lo había visto antes. En informes confidenciales, reuniones de alto nivel, documentos que nunca debían asociarse a un rostro.
Elena Vázquez.
Accionista mayoritaria.
Por un instante, Alejandro se quedó mudo. Un hombre acostumbrado a actuar con rapidez bajo presión se quedó completamente en blanco.
Victoria fue la primera en reaccionar, aunque su seguridad se había desvanecido. Miró alternativamente a su marido, a Elena y al director de la aerolínea, que ahora permanecía tenso y en silencio.