La boda fue extravagante: flores, champán, música, un pastel enorme. Todo financiado con dinero que Diego creía haber robado.
Cuando me vio, palideció.
“¿Qué estás haciendo aquí?”
—He venido a darte un regalo de bodas —dije.
“No te queda nada.”
Lo miré con calma.
—Diego, no te llevaste mi fortuna. Solo mi dinero suelto. ¿Y ese apartamento? No me pertenece. Vendiste algo que no era tuyo.
Su rostro palideció.
Entonces se abrieron las puertas.
Los agentes de policía entraron.
La música se detuvo.
Los invitados susurraban.
“Diego Villaseñor, queda usted arrestado por fraude, falsificación y abuso de confianza.”
Vanessa entró en pánico.
Diego me miró, desesperado.
“Mamá, por favor, diles que fue un error”.
Todos me miraron fijamente.
Me acerqué, le sostuve el rostro entre mis manos y le dije en voz baja:
«Te amo. Pero no te salvaré de esto. Si lo hago, nunca cambiarás».