El collar fue sustituido por una réplica segura.
Cuando entré al comedor, todo parecía perfecto: velas, vino, mantel blanco.
Como un aniversario.
Como una mentira.
Sus ojos se fijaron directamente en mi cuello.
—Estás preciosa —dijo.
No había amor en su voz.
Solo alivio.
La cena se prolongó demasiado.
Luego entró en la cocina, dejando el teléfono allí.
Vibraba.
Apareció un nombre: Karen.
Desde la cocina, oí su voz:
—Lo lleva puesto.
—No te preocupes.
—Dormirá con él. Mañana parecerá una reacción alérgica.
—El seguro está listo.
Sentí un escalofrío por todo el cuerpo.
Esto ya no era una sospecha.
Era la verdad.