—No —respondió el director—. El problema radica en suponer que alguien más pagaría.
Todas las miradas se posaron en mí.
—¿Hiciste esto? —susurró Margaret.
—No —dije—. Simplemente me negué a hacer lo que esperabas.
Víctor golpeó la mesa. “Arregla esto”.
Arreglar.
Como si yo fuera una solución, no una persona.
Junté las manos. “Tú creaste esto. Yo solo estoy mirando.”
Daniel se inclinó, desesperado. “Por favor… aquí no.”
Lo miré y, en ese instante, supe que el matrimonio había terminado.
No por culpa de sus padres.
Pero porque le importaban más las apariencias que el respeto.
—Yo no estoy haciendo nada —dije—. Esto es obra de tu familia.
En cuestión de minutos, la ilusión se desvaneció.
Los invitados se sintieron incómodos. Los inversores guardaron silencio. Comenzaron las preguntas.
El gerente fue claro: pague de inmediato o aténgase a las consecuencias.
Víctor salió corriendo para hacer llamadas.