—Una pequeña sorpresa —dije, sonriendo con calma.
Lo observé beber.
Un sorbo.
Dos.
Tres.
Terminó sin dudarlo.
Me dolió más de lo que esperaba… hacía mucho que no se apresuraba con nada que le diera.
—¿Adónde vas tan elegante y oliendo tan bien? —pregunté, apoyándome casualmente en el marco.
—A una reunión —dijo, agarrando las llaves—. Importante. Estrategia… pronósticos… sinergia.
Usó las palabras como si tuvieran algún significado.
—¿Sinergia con encaje? —murmuré.
Pero ya se había ido.
La puerta se cerró.
Silencio.
Miré el reloj.
Un minuto.
Dos.
Cinco.